July 29, 2016

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Muchos pensadores y profetas de diversas culturas a lo largo de la historia, han esparcido una vertiente de pensamiento en común referente a la relación entre los seres, esta debía de ser basada en una empatía de un alto grado de elevación, algunos como Jesucristo la apodaron amor. Sin embargo, esta inteligencia emocional no puede aprenderse como un concepto a secas, sino que se debe experimentar un proceso por el cual el pensamiento se desarrolla en altos grados de vibración.


Edward Alexander Crowley fue el profeta que más direccionó nuestro compromiso. Las bases del pensamiento Hermético, nos ayudaron a interpretarlo. Él fundo una escuela de pensamiento, o religión si se prefiere, bautizada Thelema, sus enseñanzas se basaron en dos leyes fundamentales; "Hacer tu voluntad será el todo de la Ley" y "Amor es la ley, amor bajo voluntad".

Estamos convencidos  que los seres de este mundo no nacen contrayendo una patología malvada, sino que son producto de un crecimiento inhibido y limitado. Sin embargo, a nuestro entender los seres nacen con dos conciencias, la primera y más evidente es el racionalizador, el especulador, el sirviente, el recolector, o dicho de otro modo, el ser consiente en estado de vigía, es quien servilmente le brinda el alimento y el agua al cuerpo que la hospeda.

La segunda conciencia, es aquella que existe antes que la primera y existirá después de ella, poseen características diferentes en lo absoluto, podríamos llamarla el lado oculto de la mente o el ser inconsciente, pero nosotros las interpretamos como dos seres diferentes y vinculados. Esta segunda conciencia pose rasgos exclusivamente de voluntades, es la que vela y ejecuta el buen funcionamiento del cuerpo, es la que comunica su hambre y su sed, alberga los miedos por supervivencia material y moldea los deseos para que estos correspondan armónicamente con el amor por la vida.
 
Ambas conciencias conviven como un mismo ser, la oscilación entre ellas será más elevada cuando estas se encuentren más cercanas entre sí. Ese movimiento es lo que unifica y le da forma a un único ser, este último obtendrá la vibración heredada como su capacidad de existir. 


El sufrir y la ambivalencia de la mente moderna es por causa de la distorsión que se manifiesta al encontrarse muy alejadas dichas conciencias, como consecuencia el ser racional genera miedos y deseos distorsionados y sus actos son voluntad ajena y producto de constante cuestionamiento e indecisión.
Como grupo musical, intentamos diseñar música que eleve la vibración del pensamiento, y aproxime al oyente a su genuina voluntad, aquella que entiende solo de amor y se reconoce como ley universal para el existir.